En los viñedos del oro

En los viñedos del oro

Fecha de Publicación: 09/08/2009
Fuente: La Voz del Interior
Provincia/Región: San Juan



La minería metalífera a cielo abierto está prohibida en varias provincias. Pero en el distrito cuyano es considerada la base del despegue económico. El gobernador que sueña con la presidencia. Los glaciares, en peligro.
Una preocupación trágica extiende su nube de polvo sobre el ánimo sanjuanino: la provincia sufre una grave escasez de reinas. O, mejor dicho, de aspirantes a reinas. Faltan muchachas dotadas y dispuestas a ceñirse la corona dorada en la Fiesta del Sol, el evento rompeportones que depara la provincia todos los años.
El Gobierno dio la voz de alarma y anunció que, en los próximos días, los integrantes de la Comisión Provincial de Reinas saldrán a recorrer cada pueblo para aguzar el ojo y encontrar sanjuaninas que alcancen la cota del metro con 68 centímetros, no superen la línea de vejez de los 25 años y permanezcan célibes y sin haber conocido la maternidad.
Es que la cordillerana San Juan no tiene una Sociedad Rural donde desfilen Aberdeen Angus gordos como hipopótamos, ni teatros junto a un lago, para que cada verano la visiten las chicas de tapa de las revistas.
San Juan –dice y repite sin cansarse su gobernador, José Luis Gioja– no puede sembrar soja ni puede criar vacas. "Esto es todo montaña; más del 80 por ciento de nuestro territorio es montaña. ¿Qué otra cosa –nos dice Gioja– podemos hacer que no sea trabajar la montaña?".
Así es como nace la historia que cuenta esta nota: el proyecto de un gobernador para convertir a su terruño en una potencia minera mundial, mientras no pocos se golpean la cabeza contra las paredes y afirman que esa idea es una pesadilla.
"The great opportunity". Escritos en inglés, los folletos oficiales de la provincia intentan seducir a las mineras internacionales diciendo que San Juan será "una potencia minera a nivel mundial por la calidad de sus yacimientos de metales preciosos. En los últimos tres años se han alumbrado reservas por más de 35 millones de onzas de oro". Es decir, sólo en este trienio de exploraciones, San Juan confirmó que tiene enterradas en su cordillera más de mil toneladas de oro. Justo cuando el valor de cada onza troy trepa hasta los mil dólares, ayudada por la caída del dólar y la crisis internacional. Pero atentos: mineros locales y foráneos aseguran que para San Juan esto es sólo el principio y aguardan nuevas confirmaciones de hallazgos.
El ingeniero Felipe Saavedra está sentado en su oficina del flamante Centro Cívico que acaba de habilitar el Gobierno sanjuanino, donde antes, por décadas, sólo hubo un esqueleto de cemento desnudo. Las sillas de las oficinas todavía están envueltas en plástico, las pantallas LCD de 23 pulgadas lucen prístinas.
A espaldas de Saavedra, por el amplio ventanal, se puede ver la montaña y apreciar lo rápido que se acaba la mancha urbana: la capital sanjuanina, pese a reunir dos tercios de los casi 700 mil habitantes de la provincia, sigue siendo una ciudad discreta y caminable.
"El 83 por ciento del territorio está cubierto por montañas" –insiste Saavedra– "y sólo el 2,3 por ciento tiene tierras aptas para el cultivo. Las zonas mineras coinciden con las partes más deprimidas económicamente, donde no llega el teléfono ni Internet, y están aisladas energéticamente. Ahora, gracias a la minería, van a tener todo eso".
San Juan tiene dos grandes minas de oro a cielo abierto en producción: Veladero y Gualcamayo. Pero su mayor atención está puesta en la próxima, Pascua-Lama, la primera mina binacional del mundo, que abrirá su hoyo colosal a más de cuatro mil metros de altura, en la cordillera de los Andes. Si bien recién comenzará a producir en 2014, la canadiense Barrick Gold Corporation, encargada de explotarla, ya confirmó que tiene reservas de oro por 18 millones de onzas y más de 700 millones de onzas de plata.
Saavedra arroja una tras otra las cifras que representan la minería para San Juan: desde 2003 aumentaron el 600 por ciento hasta llegar al 13 por ciento del producto bruto geográfico provincial. Y van en aumento.
Las exportaciones mineras, dice, llegaron a 570 millones de dólares el año pasado, lo que implicó un aumento del tres mil por ciento en relación con cinco años atrás. Sostiene que la minería da 45 mil puestos de trabajo, por lo que más de 130 mil habitantes están ligados a la actividad. Sigue señalando que la minería paga los mejores salarios, a un mínimo de tres mil pesos mensuales, y permite el desarrollo de 800 pequeñas y medianas empresas que prestan servicio a las mineras por unos 600 millones de pesos al año.
El desafío de la pureza. A pocas oficinas de ahí, en el Centro Cívico, está el despacho de Marcelo Ghiglione, director de la Policía Minera de San Juan, sobre la que recae la responsabilidad de que las minas a cielo abierto no sean una guillotina ambiental.
Ghiglione es un exaltado a la hora de defender su trabajo y jura que mientras esté en el cargo no habrá mineras que intoxiquen ni una piedra sanjuanina. Se enorgullece de que hasta hoy no exista una sola denuncia penal por contaminación.
Sin diplomacia, rechazo su invitación a ir a tomar agua de una vertiente que pasa bajo la pileta de lixiviación de la mina Veladero. "Sos ignorante", me responde. Ese numerito ya lo hizo meses atrás y fue grabado por las cámaras del programa porteño La liga, cuya periodista también rechazó su convite. "No nos interesa la minería depredatoria que altere el medio ambiente y el agua", afirma.
Los críticos locales dicen que la Policía Minera no cuenta con recursos suficientes para controlar las minas y desconfían de los técnicos y profesionales que avalan la actividad.
"Tenemos geólogos, abogados, ingenieros, camionetas, un cuadriciclo, laboratorios móviles, un plan de información a la comunidad, convenios con universidades, toda la documentación ambiental subida a Internet... ¿Qué más hace falta?". Ghiglione agrega que el 12,5 por ciento de las regalías mineras que recibe San Juan van a su Policía y que hay varios millones de pesos disponibles para aumentar las herramientas de control, necesarias para inspeccionar Lama, la parte argentina del futuro monstruo minero binacional.
El billete de Barrick. "No, yo no quiero que se me agrande el corazón. Además, la altura te debilita los huesos". El taxista que me lleva hasta la Casa de Gobierno explica que la minería no es para él.
Pero otro colega suyo, que me acercó hasta una de las empresas mineras, cuenta que fue supervisor en Veladero, donde tuvo a su cargo la instrucción de las mujeres (son más dóciles y atentas, sostienen los dueños de las mineras) que operan las palas mecánicas en la mina.
"Estuve empleado en una contratista que me pagaba siete mil pesos al mes, mejor que la Barrick. Ahora, dicen que los sueldos como chofer en Pascua-Lama van a ser de 10 mil pesos, pese a que, por la altura, los turnos de trabajo van a ser más cortos".
También los hoteleros, gracias a la escasa cantidad de plazas en San Juan, sienten los efectos del billete minero, que ayudó a que la provincia esté entre las de mayor crecimiento en los últimos años.
Fabricio Benedetti es el presidente de Casemi, una de las cámaras que agrupan a proveedores de servicios a la minera. Tiene 37 años, el pelo largo y pinta de personaje. Fue cantante, jugador de hockey sobre patines, es piloto de Top Race V6, dice tener clavos y yapas en varias partes de su esqueleto, corre en un auto que además de patrocinios mineros lleva estampada la leyenda "Sí, a la minería" y sueña con llevar a su amigo Marcos Di Palma a correr en Veladero.
Tuerca consumado, junto a su oficina de la metalúrgica Urbino, proveedora de Veladero, tiene estacionada una cupé Nissan color fuego que compró luego de rogarle durante dos años a su dueño anterior.
"La minería convertirá a San Juan en una de las mejores provincias. Y "el Flaco" Gioja ha sido determinante, porque defiende la minería en primera persona. Esto –dice Benedetti– hizo que en San Juan no pasara lo que ocurrió en otras provincias, donde la minería perdió la licencia social. Defiendo a muerte la minería, pero tampoco quiero que nadie contamine ni que mis nietos me echen en cara que le cagamos la provincia".
"También queremos –continúa– que la plata de las regalías sea bien usada en los municipios, porque si no mañana, cuando la gente nos corte una ruta va a tener razón: nunca va a haber visto la plata que genera la minería, ni en obra pública ni en mejor calidad de vida".
El problema que hoy tienen los proveedores de las mineras es que la Barrick, el patrón minero, todavía no se sentó a decirles qué va necesitar y qué tan grande será la porción que derivará sobre ellos de la millonaria inversión de Pascua-Lama.
Un glaciar político. De las provincias mineras argentinas, San Juan es donde menor peso tiene el discurso ambientalista antiminero. En la madrugada del viernes pasado, la Universidad Nacional sanjuanina (mientras otras, como la de Córdoba, debaten qué hacer) aceptó los fondos nacionales provenientes de las ganancias de La Alumbrera y, en parte, los destinará a un foro de discusión minera.
Políticos opositores y grupos ecologistas consultados atribuyen ese silencio a que San Juan tiene una cultura minera histórica y a la falta de libertad de prensa y a la censura. Esta última se vio en los cortes que sufrieron programas televisivos nacionales críticos hacia la minería sanjuanina, como ocurrió con Después de todo, de Jorge Lanata, y con TN ecología.
El último episodio lo protagonizó el Diario de Cuyo, que no hizo circular la revista Rumbos debido a una nota sobre el mismo tema y trasladó al resto del país la imagen de San Juan como un feudo minero donde nadie puede elevar una voz opositora.
Además, la familia Gioja es dueña de algunos de los principales medios de la provincia, bañados con fondos frescos de la publicidad oficial, como Canal 5 Telesol, en manos de Gastón, hijo mayor del gobernador.
"En San Juan no se puede hablar, no se discute nada de política, es todo silencio", dice Miguel Arancibia, ex bloquista que integra el grupo de pensamiento político 1852. "Gioja es un emperador, todo lo decide él. La política minera es uno de sus éxitos, pero no cambió la matriz económica de la provincia ni garantiza un modelo sustentable".
La Fundación de Ciudadanos Independientes (Fuci), junto al glaciólogo Pablo Milana, fueron los responsables de que en Argentina se comenzara a hablar de preservar los glaciares que serían afectados por las minas a cielo abierto.
Sus autoridades, los abogados Silvia Villalonga y Guillermo Toranzo Constantini, en un estudio del centro sanjuanino dicen que demostraron que la minera Barrick mintió en sus informes de impacto ambiental, en los que sólo reconocía la existencia de 40 glaciares, pese a que son más de 100.
Fuci sigue peleando en los Tribunales para evitar que los destruyan y espera que el Congreso de la Nación vote una nueva ley de glaciares (pese al veto de la presidenta Cristina Fernández al intento anterior), en la que se proteja no sólo el hielo sobre la superficie de las montañas, sino también el permafrost, el suelo congelado, que también posee su importancia hídrica.
La apuesta de fondo de Fuci es mostrar al país que la actual Ley Minera es anticonstitucional, porque viola el artículo 41 de la Constitución, que obliga al Estado a proteger el medio ambiente. ¿Qué hay que hacer con la riqueza minera, entonces? "Preservarla hasta que haya métodos extractivos más modernos que no alteren el equilibrio ecológico de la cordillera", sonríe Villalonga.
Mientras tanto, sin temer que eso suceda alguna vez, la dinamita continúa hablando su idioma en la cordillera. Las futuras reinas sanjuaninas pueden dormir tranquilas: no faltará oro para sus coronas.

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